El Espíritu del Maíz
El Espíritu del Maíz
Parece
ser tan lejano el tiempo en que los extranjeros europeos venidos de
España se asombraron ante la enormidad de un imperio que rompía con sus
esquemas de organización, cultural y socialmente diferentes. En pocas
palabras el término de El Nuevo Mundo no solo es un adjetivo dentro de
las especificaciones geográficas del Planisferio Europeo del Siglo XV.
Su conformación en un conjunto de posturas sobre la filosofía de una
cultura apartada de las guerras por el poder eclesiástico y de
enfrentamiento entre reinos opuestos, o guerras santas; no entraba
dentro de su concepción del Mundo.
Así el término de "Nuevo"
tenia un énfasis en marcar esas diferencias. Así se levantaron las
culturas precolombinas en base a creencias destinadas a organizarse
alrededor de dioses que representaban la naturaleza y el cosmos. Así se
erigieron desde Mesoamérica hasta los andes, culturas con un poder
espiritual enorme y un respeto por todo lo que se encontraba alrededor.
Y
recordemos a estos extranjeros ante la majestuosidad de Palacios que
rompían con los esquemas Ibéricos. Entre toda esta gama de diferencias
nos encontramos la más importante y sobre la que se cimentó no solo la
economía de estas naciones que habitaron el México Antiguo, si no
describían que la misma vida y el origen del hombre. Nos referimos al
Maíz y por supuesto al producto básico del mismo: la tortilla.
Los
españoles le llamaron simplemente como “el único país donde los
cubiertos siempre eran nuevos”. Y parece que esa explicación simplista
se mantiene en nuestros días de mano de especuladores. El Hecho de
abusar del producto es una respuesta más al desprecio de toda esa
espiritualidad.
La crisis del campo no es nueva. Pasada la Revolución
el reparto agrario y ejidal es y sigue siendo un tema pendiente. 80
años de gobiernos que desatendieron a una parte medular de los pueblos:
el alimento. Con esos 80 años no solo decreció el campo y millones de
campesinos huyeron a las ciudades en busca del sueño capitalino. Miles
de películas describen a esa campesina o campesino que busca suerte en
la capital, y esto solo es una perspectiva de ese gran fenómeno que es
la migración. Ahora mismo en el Estado de México Cd. Netzahualcoyotl
(porque así se escribe pero hasta ese desprecio hay por nuestra
cultura), está conformada en más de un 70% de habitantes de Oaxaca y
Guerrero. La explicación: el campo no deja.
En
todos esos años ha devenido en la perforación y enfermedad del Tejido
Social. EL desprecio al maíz solo refleja una pérdida desmesurada de la
identidad y el mayor aumento del racismo más aberrante sobre la gente
originaria de esta nación. Y la muestra está en que decir campesino es
sinónimo de ignorancia en el argot popular.
Ahora
que nos encontramos con estas políticas especulativas, el Tejido Social
y base espiritual de un pueblo que tiene como identidad el maíz; es
nuevamente atrapado en las garras del libre mercado y del capitalismo
de donde maíz y espíritu no son comprendidos más allá del negocio y el
enriquecimiento. Una vez más nuestra cimentación se encuentra en
peligro de desaparecer y en algún momento dejaremos ese alimento
milenario de los pueblos Mesoamericanos. Y nos enfrentamos a la pérdida
de milenios en tan solo un siglo. En fechas más recientes a cuatro
sexenios (como se miden ahora históricamente la destrucción de la
nación).
En
el transporte de la mente viajo buscando algún recuerdo donde podría
encontrar que la tortilla faltara en la mesa. No vino ninguno porque
nunca como ahora se han encontrado los dueños del poder con las manos
metidas hasta el corazón mismo de una cultura.
Todo
esto se ha transformado en agresiones a la nación, al pueblo entero, la
protección del campo y por supuesto del maíz no es solo por cuestiones
alimentarias: es por cuestiones humanas y espirituales. Ante un
sinnúmero de manifestaciones en varios puntos del país exhortamos a
todos los manifestantes a enfrentar el problema de raíz: Organizarnos,
defender nuestra nación y nuestro pueblo y buscar formas de
organización que nos permitan dejar de depender de los acaparadores y
especuladores del mercado. Ayer mismo un compañero platicaba sobre la
organización de cooperativas comunitarias en zonas del D.F. donde aún
tenemos la suerte de contar con campesinos.
El
hecho fundamental es devolverle ese valor despreciado por los dueños de
los dineros, a la tierra considerada la madre y el origen de la vida
misma. Esto no es en el sentido de fanatizar la creencia espiritual de
la tierra, si no con el objetivo de devolverle todo lo que ella en si
representa: el mismo origen del hombre, El espíritu del Maíz.
D r u i d a